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49. Carta al viento del Universo...



Hace tanto tiempo que no te escribo, que no te cuento lo que está pasando, que no te digo que te echo de menos, ni de qué manera... No alcanzarías a imaginarlo... o sí, sé que lo imaginas porque tú me extrañas igual. Pues bien, hoy en vez de guardarla entre tus cosas, le entregaré mi carta al viento frío que empieza a llegar anunciando la época en que un día, sin querer, te fuiste...

Son muchas las cosas que quiero decirte sólo porque sepas que quiero contártelas, porque estás presente y las conoces todas. Que vuelvo a tus fotos y te veo sonriendo y que en muchos días sólo así sonrío. Que abrazo tus cuadernos contra mí, deseando llegarte tan intensamente como estoy sintiendo. Que te recuerdo aquella mañana escondiéndote tras los árboles, bajo la llovizna, invitándome a perseguirte, con esa mirada tuya ante mi cara de desconcierto cuando no te encontraba, y revivo la sensación del pecho adolorido por la risa que no paraba ante el susto, cuando apareciste con un pañuelo blanco en la cabeza para acentuar la sorpresa y me halaste buscando un refugio para resguardarnos del diluvio. Luego que si almorzamos, que qué almorzamos y no almorzamos por estar hablando, contándonos cosas, mirando el paisaje, repasando notas. ¡Cómo se iba el tiempo! ¡Cómo pasa el tiempo!...

No te has ido. Te siento aquí cuidándome. Te escucho cantarme y leerme versos y yo hago lo mismo. Y quiero decirte que nadie interpreta como tú lo hacías a Nietzsche y a Kant... y ni falta que hace. Me guardo tristezas, tú tenías las tuyas... Y sin desconfianzas, tanto en el recuerdo como en el silencio, tanto en la certeza y en los imposibles, nos sabemos prestos. Siempre voy contigo, siempre irás conmigo.

Comentarios

Anónimo dijo…
Ceci, si no volvió me pregunto: merece este sufrimiento de un alma tan especial? Tu intensidad duele como propia.
Anónimo dijo…
Hola, Felix, gracias por tu comentario y tu noble interés.
Se tiende a confundir el autor con los protagonistas... En este caso, Felix, el texto obedece a una fantasía. El destinatario no tiene nombre ni cuerpo; sólo es una idea; fue un ejercicio literario. Indudablemente, el texto está alimentado por situaciones conocidas, algunas por referencia ajena, que inspiraron sentimientos.
Mil gracias nuevamente.

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